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El PEN Club

de Escritores Cubanos en el Exilio

Promoviendo la literatura, defendiendo la libertad de expresión

 

 

Presencia, misión y continuidad del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio

 

Por Armando Alvarez Bravo

Presidente del PEN Club de Escritores

Cubanos en el Exilio

 

Señoras y señores:

Es un tan grato como ineludible deber de gratitud, como presidente del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, expresarle al Círculo de Cultura Panamericano, a su directiva y su membresía, de la cual me honro en pertenecer, y al Koubek Memorial Center, Escuela de Estudios Continuados, de la Universidad de Miami, copatrocinador de este prestigioso evento cultural y académico, un centro de estudios que ha realizado desde hace décadas una fecunda e importantísima labor en el campo de la educación y la difusión cultural en nuestra comunidad, de la cual fui modesta parte durante varios años como de profesor de periodismo en sus claustros e, igualmente, al Capítulo de Miami, tenaz copatrocinador de estos eventos y del XXVIII Congreso de Verano del Círculo de Cultura Panamericano que hoy se inaugura, el que nos honraran dedicándole a nuestro  PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, su Sesión de Apertura como reconocimiento a la labor de nuestra institución vísperas del undécimo aniversario de su fundación. De igual suerte, debo expresarles a ustedes idéntica gratitud por vuestra presencia.

Casi medio siglo después de que nuestra Patria, palabra que escribo, a la memorable usanza de nuestro patriciado, con mayúscula, todos nosotros estamos pendientes y laborando en la medida de nuestras capacidades y entrega, tanto en la Isla como en el destierro, por devolver a nuestra tierra desgarrada y arrasada por el totalitarismo castrista, la libertad y la democracia. El poder encausar definitivamente a nuestro paisaje, circunstancia y condición hacia su pendiente posibilidad. Esa posibilidad, tan real y extraordinaria que se nos arrebató en su vertiginoso impulso ascensional a partir de una brutal represión que no cesa de incrementarse. Recobrar, en una palabra, la posibilidad de elegir.

Estas casi cinco funestas décadas han sido escenario de todos los horrores que nunca pudimos imaginar como pueblo y como nación. No han faltado en nuestra historia épocas difíciles, cruentas y dolorosas. Unos tiempos que nunca pueden igualarse a los que vivimos. Tampoco ha faltado ni falta la respuesta de nuestros mejores hijos para sacar a nuestra tierra de ese abismo, de esa aberración histórica.

No son pocos los rasgos que definen al totalitarismo castrista y que son parte de su esencia desde su toma del poder en 1959. Pero entre ellos es esencial uno de sus más tenaces empeños, puesto en práctica desde el primer día de absoluto control del poder. No es otro que la destrucción sistemática de nuestra identidad mediante la reescritura de la historia y la reinterpretación de nuestra cultura y tradiciones a sus policiales fines de control y adoctrinamiento de nuestro pueblo y de propaganda y de subversión más allá de nuestras fronteras. Es notorio que el castrismo nunca ha escatimado en costes en su constante inversión en el mundo de la creación, de la cultura, de los medios y el mundo académico. Y, debe decirse, que en ese siniestro empeño, más allá de la real y poderosa existencia de una izquierda internacional, ha logrado verdaderos éxitos. Entre otras razones, y no debe ignorarse este hecho, porque ha sabido halagar y recompensar a los más envidiosos, mediocres y resentidos que se han convertido en sus incondicionales servidores.

Otro rasgo esencial del totalitarismo castrista, inseparablemente vinculado al anterior, es la destrucción y manipulación de las instituciones con los mismos objetivos que acabo de mencionar. Las pocas instituciones de Cuba que han sobrevivido, es decir, las que conservan tan sólo su nombre, fueron objeto de una implacable ocupación por las huestes de la mediocridad al servicio de la represión del régimen. Hoy sólo existen y se proyectan, y cuántos cómplices tiene el castrismo lejos de nuestra patria y cuántos oportunistas y tontos útiles se creen sus garambainas y siguen sus cantos de sirena, a la sombra del prestigio de un nombre, pero despojadas totalmente de su histórica independencia y autoridad ética e intelectual.

A estas alturas de mi exposición, a título de ejemplo, me permito la mención de la Academia Cubana de la Lengua, de la que me honra ser miembro de número desde hace décadas, aunque mi nombre, como el de otros académicos, algunos ya fallecidos, haya sido borrado de su nómina por su incondicional directiva y membresía al servicio del castrismo. Debo contarles que tras la ocupación del Ateneo de La Habana, en cuya casona vedadense tenía su sede nuestra Academia, y que fue arrebatado sin ninguna contemplación a una figura tan inerme como eminente de las letras y la cultura cubana, Don José María Chacón y Calvo, nuestra Academia pasó a una virtual clandestinidad en la residencia de otra figura mayor de nuestra literatura y nuestra poesía, Dulce María Loynaz del Castillo. La Academia hizo lo imposible por realizar su labor hasta que le resultó imposible y fue tomada por servidores incondicionales al régimen. Ellos la han convertido, como era de esperarse, en resonador de la propaganda de la represiva ideología y política cultural y académica del castrismo. Llegado a este punto, no puedo dejar de manifestar mi indignación por el hecho de que lo sucedido con la Academia Cubana de la Lengua haya sido aceptado sin peros, salvo honrosas excepciones, en el mundo académico, el de la cultura y el de la creación.          

Al igual que la Academia, el PEN Club de Escritores Cubanos fue una institución que sirvió para configurar y enriquecer la cultura nacional. Existió desde la década del 40 y fue fundado por una prestigiosa figura de nuestras letras, pensamiento y cultura, Jorge Mañach. Ese PEN era una filial del PEN Club Internacional fundado en Inglaterra por Catherine A. Dawson y bajo la presidencia de John Galsworthy y con constituyentes tan ilustres como Joseph Conrad, George Bernard Shaw y H.G. Wells. Desde su establecimiento ha realizado una activa, constante y eficaz labor contra la censura y constituye a nivel internacional un respetado factor de vigilancia de la libertad de expresión y en la defensa de los escritores que son víctimas de la censura, el hostigamiento, el encarcelamiento y todo tipo de medidas represivas cometidas por los regimenes tiránicos. Es de igual suerte, una unánime y enérgica voz de denuncia de las desapariciones y asesinatos que caracterizan a las dictaduras. El compromiso de los miembros del PEN a oponerse a toda supresión de libertad de expresión, ratifica el principio de la asociación que demanda una prensa libre y considera que es imperativa la libre crítica de los gobiernos, administraciones e instituciones.

En los años cincuenta del siglo que acabamos de dejar atrás, siendo presidente del PEN Club de Escritores Cubanos el desaparecido historiador y escritor Octavio R. Costa, la institución tuvo que dar fin a sus labores y actividades por la interrupción del proceso democrático nacional a causa del golpe militar del General Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952. Conforme a los Estatutos del PEN Internacional no pueden existir filiales donde no prevalezcan la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos.

El PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio se estableció en 1997. El grupo fundador estuvo integrado por Octavio R. Costa, Reinaldo Bragado Bretaña, Ángel Cuadra, Armando de Armas e Indamiro Restano. Su constituyó oficial y formalmente en Edimburgo, durante el Congreso del PEN Internacional celebrado en agosto de 1997. La Asamblea General de Delegados a dicho evento votó unánimemente por nuestra existencia e incorporación a sus tareas y empeños. Es un deber de gratitud señalar que en ese proceso contamos con el apoyo del escritor Mario Vargas Llosa y los centros PEN de Suecia, Colombia y México. De inmediato se celebró tras el Congreso, una reunión, presidida por Octavio R. Costa, quien fue nuestro Presidente de Honor hasta su fallecimiento, en que se consolidó un núcleo fundador. En la actualidad, nuestro PEN cuenta con una nómina de más de 80 miembros y su directiva está integrada por el que tiene el gusto de dirigirse a ustedes, Armando Álvarez Bravo, presidente; los vicepresidentes Ángel Cuadra y José A. Albertini; Luis Ignacio Larcada y Amelia del Castillo, a cargo de la secretaría y la tesorería, respectivamente. El consejo asesor está integrado por Armando de Armas, Pedro Corzo, Luis de la Paz, Ernesto Díaz Rodríguez, Elio Alba Bufill y Eduardo Lolo. Creo relevante señalar que si bien el grueso de nuestra membresía radica en Miami, tenemos una creciente representación en ciudades como New York, New Jersey, Madrid, París y Ciudad de México, entre otras capitales.           

Nuestro PEN funciona  como un centro de confluencia de escritores exiliados y está volcado en los valores de la defensa de la libertad de expresión. Eso se traduce esencialmente, con independencia de las actividades literarias y culturales de nuestra filial, en un enérgico y constante apoyo a los escritores que son víctimas del castrismo. Y en Cuba, no es la primera ocasión en que lo afirmo, todos lo son a causa de la censura, la autocensura, la condición de no persona y un largo y atroz inventario de medidas represivas.

Desde su fundación, nuestro PEN ha realizado, sin recursos de ninguna suerte, una tenaz labor para llevar a cabo la esencia de su misión. Entre esas actividades figura en lugar principalísimo la asistencia a los congresos anuales del PEN Club Internacional, en los que siempre hemos llevado y logrado que se aprueben por el pleno de las delegaciones nuestras Resoluciones sobre la situación en nuestra patria y en torno al hostigamiento y prisión de escritores y periodistas por el simple hecho de reclamar la libertad de expresión. En ese campo tiene un primer orden de importancia la labor en el seno del Comité de Escritores en Prisión y los contactos con los delegados de otros países para darles a conocer  y explicarles la realidad de la trágica situación de nuestra patria. De igual suerte, debemos mencionar nuestra asistencia y activa participación en otras actividades fuera del marco del Congreso Anual. También somos constante presencia en los comités de Escritores por la Paz, Traducción y Lingüística y Comité de Escritores. De igual suerte, nuestra institución hace públicas sus preocupaciones, inquietudes y posiciones por medio de cartas abiertas. No menos importante es el apoyo solicitado al PEN Internacional y a sus filiales en asuntos que afectan la integridad y libertad de escritores y periodistas cubanos y, de la misma manera, en casos de idéntica índole, el apoyo que brindamos a las filiales que en circunstancias similares nos lo solicitan.

En ese marco de actividades queremos subrayar la organización de actividades. Entre ellas se contó, en el año 2000, la celebración de un encuentro regional de centros del PEN, al que asistieron seis centros, además del nuestro, y contó con la presencia del entonces presidente del PEN Internacional, el poeta Homero Aridjis. En este orden de cosas, cada dos años celebramos un encuentro con los miembros de nuestro PEN residentes en New York y New Jersey. En el marco de la más reciente reunión se hizo patente una de las facetas de nuestra labor: la edición. Allí se realizó la presentación del libro “Los poetas del PEN de Escritores Cubanos en el Exilio. Una colección de poemas”, de la que fui editor. De igual suerte tenemos una página en “la Web”, que busca actualizarse constantemente además de preservar escritos y documentos que consideramos de interés y utilidad permanente.

Un aspecto de la labor de nuestro PEN que quiero resaltar, y que lo diferencia de la totalidad de filiales que no se encuentran en el exilio, es que nuestra organización siempre se ha empeñado en una ciudad cosmopolita como Miami, donde tantas nacionalidades y culturas confluyen, en abrir un espacio de difusión a los escritores de esos países. Una labor que se sigue realizando con éxito. En cuanto en nuestros miembros, siempre tienen abierto el espacio de reuniones y presentaciones mensuales en el Koubek Memorial Center. Allí se han celebrado presentaciones de libros, lecturas, conferencias y mesas redondas sobre diversos temas. Ese tipo de actividades también las hemos llevado a cabo en otros espacios hospitalarios como la Casa Bacardí.       

En esta somera ilustración de nuestro quehacer quiero hacer mención al hecho de que nuestro PEN, conjuntamente con los de América Latina y los de España, fundamos el Centro Iberoamericano. Su propósito principal, no es el único, es la recaudación de fondos para sufragar los gastos de traducción al español de las sesiones de la Asamblea General de Delegados al Congreso anual.

Creo que, a pesar de obstáculos y dificultades de toda suerte, nuestro PEN ha realizado una tan constante como digna labor en los casi once años transcurridos desde su fundación. A nadie se oculta que el quehacer de una organización como la nuestra no es fácil por la esencia de su naturaleza, determinada por la tan terrible como adversa condición del exilio. Una condición en que gravita un tenaz inventario de factores negativos que dificultan el desenvolvimiento de nuestra labor. En ese inventario, debo insistir en ello, son determinantes, aunque no únicos: la distancia y la falta de comunicación; los factores económicos y la hostilidad manifiesta del mismo régimen castrista y sus aliados y cómplices en el exterior, muy especialmente, en el mundo académico, editorial y en los medios.                           

Esa labor nuestra no ha sido pasada por alto ni por el régimen castrista y su policía cultural y sus cómplices, que son muchos más de los que normalmente se cree y se admite, ni tampoco por personas que, por un lado pretenden reciclar el castrismo, y por otro, personas que no acaban de comprender cabalmente lo imprescindible de la esencia unitaria de nuestra institución y su entrega a la defensa y a la búsqueda de los ideales y realidades de libertad, democracia y justicia y el inherente e irrestricto respeto al espíritu de la Carta de los Derechos Humanos que nos han sido arrebatados en la trágica época que ha tocado vivir a nuestro pueblo y nuestra patria. Un haz de principios y valores que tanto estratégica como tácticamente constituyen un factor decisivo hacia la encarnación de la pendiente posibilidad cubana.

Como escritor, como exiliado, como presidente y como miembro del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, pido a Dios que nos conceda, cuanto antes mejor, el que nuestra institución pueda ser en nuestra patria la piedra fundacional del PEN Club de Escritores Cubanos.

Muchas gracias.

 

                                                                        Miami, julio del 2008