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El PEN Club

de Escritores Cubanos en el Exilio

Promoviendo la literatura, defendiendo la libertad de expresión

 

 

Luis Ignacio Larcada: Acerca del Pen Club Cubano en el Exilio

 

Por Armando de Armas

Martí Noticias

Luis Ignacio Larcada nació en La Habana, Cuba, y se exilió, de niño, con la Operación Peter Pan. Ha vivido en Panamá y en Valencia, España, donde estudió las Filologías Inglesa e Italiana y tomó la nacionalidad española. Actualmente reside en la ciudad de Miami, donde fundó, en 1986, Editorial Arcos, Inc.

Ha ejercido la docencia en España (oposiciones libres de Institutos de Formación Profesional) y Estados Unidos (Universidad de Miami, Miami Dade College).

Entre sus libros académicos se encuentran las secciones gramaticales del Diccionario Inglés-Español/Español-Inglés de la Universidad de Miami y los volúmenes How to Write It!/¡Cómo Escribirlo!, Write It Right/¡Escríbalo Bien! y otros. Ha colaborado en diversas obras de conocimiento general, como el Almanaque Mundial.

Ha recorrido Europa y América, y ha plasmado sus viajes en artículos publicados en la revistas GeoMundo, Mastercard, Aboard, y en las secciones de Viajes de El Nuevo Herald (The Miami Herald) y Exito.

Recibió el Premio de Narrativa Benetúser 1982 en España, y fue finalista del Letras de Oro de Miami, Estados Unidos, en 1989.

Sus artículos críticos y literarios han aparecido en las revistas Cimal, Cuadernos de Cultura Artística (España) y Linden Lane Magazine (Estados Unidos), entre otras.

Su obra literaria se haya publicada, hasta el momento, en los volúmenes de memorabilia El Piano de Cristal (1986), The Crystal Piano (1987); el collage La Península y La Isla (1986); y los poemarios La Imagen que no se Deteriora (1989) y Tierra del Sur (1993), y prepara actualmente la próxima publicación de su obra completa bajo el título La Orilla Presentida, y es, además, secretario del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

Luis Ignacio Larcada concedió la siguiente entrevista a Armando de Armas para MartiNoticias.

MN. ¿Qué es y cómo surge el llamado PEN CLUB de Londres?

LI. Usted debe hacer referencia al PEN Internacional, que fuera fundado en 1921 por la Sra. C.A. Dawson Scott y John Galsworthy, y que, en la actualidad, es la asociación más antigua en defensa de los derechos humanos, y también la más antigua agrupación de escritores, cuya oficina se encuentra en Londres.

El PEN Internacional se compone de más de cien centros PEN en todo el mundo. Cada centro PEN es autónomo, aunque todos respetamos los estatutos de fundación. Las oficinas del PEN Internacional coordinan las actividades de conjunto y de los distintos comités, como el de Escritores en Prisión, de Escritoras, de Traducción y Lingüística, y de Escritores por la Paz, además de programas temporales, como el actual llamado Free the Word (Liberen la Palabra).

MN. ¿Por qué existe un PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio?

LI. Porque la nación cubana tiene derecho, y además, debe participar en todas las actividades de nuestro continente y del orbe donde se respeten las reglas democráticas, para expresar nuestro punto de vista, defenderlo, y trabajar en conjunto con delegaciones de otras naciones, y de ese modo ampliar y mejorar dicha convivencia democrática.

La defensa de la libertad de expresión y la confraternización entre escritores, unas de las metas de los centros PEN, es de importancia primordial en el momento actual; y los cubanos, que llevamos cincuenta años de dictadura catastrófica y exilio en nuestras costillas, tenemos algo que expresar.

No existe un PEN Club Cubano desde 1959, y aunque sabemos que hay escritores en nuestros límites geográficos que, en los últimos años, han intentado organizarse bajo los estatutos del PEN, es imposible mientras nuestra nación sufra una dictadura férrea, lo cual contradice dichos estatutos desde el acápite cuarto de su introducción.

Además, advertimos severamente que cualquier intento de participación de esta forma, en un organismo internacional, sería rápidamente infiltrado por los organismos de seguridad del estado cubano, lo cual implicaría ver sentados, en la asamblea general, a una delegación totalitaria en un organismo democrático; lo cual sería contradictorio y sólo podría ir en su detrimento.

En consecuencia, los escritores cubanos del exilio hemos asumido el rol que el PEN Club Cubano asumiría en caso de que en nuestra patria se cumplieran las condiciones elementales de libertad de expresión. Una vez que dichas condiciones vuelvan a nuestra tierra de origen, nosotros mismos apoyaremos la creación de dicho centro en nuestros límites nacionales.

MN. ¿Por qué el PEN CLUB de Cuba, con figuras intelectualmente tan señeras como la de Jorge Mañach, se desintegró antes aún antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959?

LI. Precisamente por la falta de libertad de expresión. Nuestros miembros fueron exilándose durante el último período de Fulgencio Batista, y los restantes bajo el régimen de Fidel Castro. El último presidente del PEN Club de Cuba, el poeta Octavio Acosta, fue nuestro primer presidente de honor en el exilio.

MN. ¿Existe un PEN CLUB para Miami o en realidad es un PEN internacional para los escritores cubanos exiliados, donde quiera que estos vivan?

LI. Nuestro título oficial es PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, y por tanto, se admiten todos aquellos que vivan en el exilio, aunque sea en distintas ciudades y naciones. Tenemos miembros en Estados Unidos, Canadá, España y Francia. Obviamente, esto implica una dificultad logística, y por ello celebramos reuniones anuales en Nueva York, a la que asisten los miembros que vivan más al norte, en la sede del American PEN Club, al que agradecemos el prestarnos sus instalaciones. También iniciamos, el año pasado, un encuentro en Madrid, en la sede de la Fundación Hispanocubana, para los miembros que vivan en Europa. Cabe destacar que dichas reuniones no son sólo para los miembros de nuestro PEN, sino también para todos los intelectuales de dichas áreas que quieran participar en ellas.

Sin embargo, no es un misterio que Miami es la capital del exilio cubano, y nuestros miembros que viven en otras ciudades suelen visitarla y participar en las reuniones mensuales que celebramos con la colaboración del Koubek Center de la Universidad de Miami. El PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio celebra una reunión mensual, como mínimo, en Miami.

MN. ¿Cuántos capítulos de PEN existen, sesionan en el mundo?

LI. 144 centros PEN, en 102 naciones. No obstante, el número de PEN Clubs varía todos los años; en la Asamblea General de Dakar, Senegal, del 2007, por ejemplo, se admitió la constitución de un PEN Club kurdo; en la de 2008, en Bogotá, Colombia, otro uyghur; también se hubo de dar de baja, por falta de actividad, a otros centros PEN de Hispanoamérica; lo que es lamentable, porque éste es un continente donde la lucha por la libertad de expresión es muy cruenta.

MN. ¿Cuál ha sido la labor del PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio desde su fundación en 1996?

LI. Desde que el Dr. Angel Cuadra, en el Congreso de Edimburgo, Escocia, diera un testimonio en vivo de las penalidades sufridas en nuestra patria por la falta de libertad de expresión, incluyendo sus años de encarcelamiento, y se dieran los primeros pasos de nuestra organización, podría resumir nuestras actividades en estos dos objetivos generales:

a) El mantenimiento de una cultura cubana en un entorno de libertades cívicas, en lengua castellana, en conjunción con la Fundación Iberoamericana y otros comités y grupos de trabajo del PEN en todo el mundo.

b) La creación de una conciencia, en el mundo, de la falta de dichas libertades en nuestros límites nacionales; y la ayuda, en la medida de nuestras posibilidades, a aquellos escritores que, en nuestra patria, sufren por la falta de libertad de expresión.

MN. ¿A su entender cuál ha sido el logro más importante del PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio?

LI. Uno que aún está por venir, por el que seguimos trabajando: el poder reunirnos un día en Cuba, darnos todos un abrazo, y declarar que este terrible exilio ha terminado; aunque luego tengamos que regresar a otras patrias, debido a que hayamos hecho nuestras vidas en ellas.

Mientras tanto, creo que para nuestra pequeñez y falta de recursos, hemos logrado bastante: participar ininterrumpidamente en doce congresos mundiales, en tres continentes, y pasar resoluciones, por unanimidad, a favor de las libertades cívicas en Cuba en las que se nombran casos específicos de escritores encarcelados; que se aceptaran muchos de esos escritores como miembros honorarios de PEN Clubs de todo el mundo, lo mismo que fuera el Dr. Angel Cuadra en su momento; nuestras actividades culturales, entre las que destacan algunas, como la celebrada con la participación del congresista federal estadounidense Lincoln Díaz-Balart; la entrega, el año pasado, del Primer Premio del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio "Libertad de Expresión" al escritor español Fernando Arrabal; la publicación, por parte del ex presidente Armando Alvarez Bravo, de una Antología de Poetas del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, etc. Recientemente hemos abierto un programa de Libros para las Bibliotecas Independientes y otro de Medicinas para los Escritores Encarcelados en Cuba. Mantenemos, asimismo, como institución, actividades de apoyo a aquellos escritores que desean exiliarse, siempre dentro de la medida de nuestras posibilidades.

MN. ¿Con cuántos miembros cuenta el PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio?

LI. Dicho número también fluctúa todos los años, pero lo cifraría en un promedio de sesenta.

MN. ¿Qué requisito ha de existir para que vuelva a sesionar nuevamente un PEN CLUB con sede en La Habana?

LI. Democracia. Garantías constitucionales. Libertad de expresión.

MN. ¿Cómo se relacionan a su entender literatura y libertad?

LI. Es una pregunta interesante, pero compleja. Podríamos retrotraernos a los años cincuenta, cuando el académico francés Roland Barthes proclamó el advenimiento de lo que él llamó "Grado Cero" en la literatura. Según su óptica, obviamente marxista, la novelística y por extensión, el resto de la literatura, no era más que un reflejo de las distintas clases económicas, y su modo de expresión; en la medida que la lucha entre ellas avanzara y se llegara a una clase única, las diferencias de lenguaje no existirían, y por ende, tampoco la necesidad de una literatura. Pongo este caso como ejemplo de todo el tratamiento que el marxismo, a lo largo del siglo XX, ha dado a las artes y, en consecuencia, a la literatura; una intención de etiquetar, encasillar y amoldar a los artistas a las intenciones del estado, concluyendo en aquello de los años sesenta, cuando los escritores de izquierda se ponían ropa de obrero y se sentaban a escribir ocho horas exactas al día, resultara de ello lo que fuese.

Podríamos en consecuencia, y por exclusión, que la intromisión de los estados en la literatura, y sus hacedores, resulta en un detrimento de la libertad.

Lastimosamente, en las naciones libres, desde aquellos años, también se han cometido disparates y errores estrepitosos que han dado como resultado la crisis que actualmente vive la literatura; hasta el punto de parecer que nos aproximamos al Grado Cero que mencionaba Barthes, pero por razones distintas. No obstante, en nuestras naciones todavía disponemos de herramientas, como el PEN Club, y la libertad de utilizarlas, lo que nos hace presuponer que podremos superarla.

Perdone las referencias intelectuales, ineludibles para responder, y muchas gracias por la pregunta.

MN. ¿Hay intelectuales en las cárceles de Cuba?

LI. Por favor. Desde el Caso Padilla, en los años setenta, en que el dictador de nuestra patria de nacimiento proclamó que "dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada", Cuba ha sido un ejemplo clásico de la manipulación de un estado totalitario sobre sus escritores. Recuerdo que yo mismo pregunté a Heberto cuál era su definición de comunismo, y me respondió, literalmente, "la peor pesadilla del siglo XX".

Ninguno que haya intentado, dentro de nuestros límites nacionales, unir tres o cuatro palabras con un poco de lucidez, ha quedado exento de la impiedad de la Seguridad del Estado. Dentro de Cuba, aún quedan 27 de los 75 de la Primavera Negra en prisión, algunos en situación crítica de salud, como Normando Hernández y Ricardo González Alfonso, por quienes el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio ha abogado tanto este último año.

Como siempre que los atropellos son tantos, que a la opinión publica mundial no le ha quedado mas remedio que entreabrir un ojo ante la barbarie, la dictadura cubana cambia de táctica, sin perder los objetivos. En estos momentos, los escritores, periodistas y bibliotecarios independientes de Cuba son llevados a la estación de policía más cercana, donde se les desnuda para registrarles, se les confisca sus pocos CUC y ordenadores portátiles enviados desde el extranjero, que son sus herramientas de trabajo, y tras azogarles, se les obliga a firmar un "acta de peligrosidad predelictiva" figura jurídica que, hasta donde alcanzan mis conocimientos, no existe en ninguna nación democrática, porque a nadie se le puede acusar de un delito que no ha cometido.

Al final, todos los escritores con un poco de honestidad consigo mismos, acaban exilándose; pero ni aún en otras naciones escapan al brazo de la seguridad del estado cubano.

MN. ¿Por qué cree que tantos intelectuales en el mundo han apoyado al régimen de Fidel Castro?

LI. Es otra pregunta para la cual es necesario retrotraerse, para poder contestarla, y perdone. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Europa se encontraba en un abismo no solo material, sino intelectual; y su único sustento era la corriente filosófica existencialista, última consecuencia de un nihilismo en el que habían desembocado todos los horrores. Cabe destacar que la Unión Soviética no escapaba a la tendencia, tras haber aniquilado o anulado a los escritores que habían sentido un auténtico espíritu revolucionario, algunos excelentes, como el poeta Maikovsky; o el censurado Pasternak; o aquél que con un cáncer, sobreviviera los campos de concentración en las estepas siberianas, Solchenitzyn.

Dos figuras muy prominentes de la intelectualidad y el arte francés comenzaron a sentirse atraídos hacia la ideología marxista. Los estrategas soviéticos se dieron perfecta cuenta que podían rellenar un vacío, y ofrecieron una medalla, creo que se llamaba de "solidaridad entre los pueblos", al escritor Sartre y al pintor Picasso. Fue una medida que tomaron con tremenda precaución; incluso el acto de entrega se hizo en Varsovia, ya que Polonia parecía una nación más neutral que Rusia. Les resultó.

A su regreso, tanto Sartre, quien había sido el filósofo existencialista más destacado, como Picasso, indicaron que habían abrazado el partido comunista, y volcaron a la intelectualidad francesa hacia la izquierda; un error, en mi opinión, que le ha costado a Francia el ya no ser considerada la primera potencia en el intelecto y el arte.

Frente a las corrientes que retrataban la tristeza de la posguerra, hete aquí una que tendía a sociedades donde tanto el trabajo, como la felicidad, era común; en vez de un móvil negativo de desolación, había un objetivo positivo para el futuro, que además, era lógico: se sirvió la mesa, y muchos creyeron el engaño.

No quiero ser injusto con aquellos intelectuales franceses que no cayeron en la trampa: varios, de peso, se opusieron, como Albert Camus, o André Gide, que tras visitar la Unión Soviética, tuvo la valentía de escribir un tratado, señalando sus defectos; Misia Sert, que era madrina de uno de los hijos de Picasso, se despachó en una carta abierta que se publicó en la prensa de París, y posteriormente, al final de sus memorias. Dalí (a quien de paso, considero mucho mejor dibujante que Picasso), que había regresado a España, hubo de luchar contra la absorción ideológica el resto de los días de su vida. Otros, simplemente, se dedicaron a esperar que la marea bajara, mientras tomaban sus aperitivos en el café consuetudinario; y al cabo, acudieron también a la cena.

Los pensadores de las naciones occidentales, mientras tanto, enfocaron todas sus energías en la reconstrucción económica, cifrando sus metas en el desarrollo de sociedades industrializadas, con un acento especial en el aumento de la tecnología. Las conferencias del economista Keynes, en Madrid, a finales de los años cincuenta, aún asombran (a cada uno, lo suyo); unas donde incluso previó la evolución de los computadores hasta ocupar el rol primordial que ocupan hoy en día.

Frente al peligro que representaba el comunismo internacional, los pensadores de occidente, viendo la evolución positiva de sus economías, y el desastre, en esa área, de las naciones tras el telón de acero, se sentaron a esperar el fracaso marxista, en una guerra fría; lo que hubo de generar un dolor profundísimo en millones de seres humanos. Baste recordar, ahora que se cumplen los veinte años de su desaparición, a quienes murieron entre las alambradas del Muro de Berlín; al que, por su característica circular, llamé, en un momento, "el punto final de Europa".

No obstante, los pensadores occidentales insistían en estar en lo cierto; hubo muchos movimientos internos de oposición al comunismo en las naciones tras el telón de acero, desde la Revuelta de Hungría, en el 56, hasta la Primavera de Praga, del 68.

Pero para ese entonces, ya había surgido la revolución cubana como respuesta: sus ideólogos comunistas no tuvieron que hacer planteamientos rebuscados: allí estaba, por fin, el shangri-la socialista, donde se cumplían todas las promesas de felicidad en el trabajo común, añadiéndosele ron y rumba; y de paso, el sexo era, aparentemente, libre.

Quiero recalcar el párrafo anterior para todos los que quieren denegar las fuerza de las humanidades y la literatura, de las ideas, muy en especial en este nuevo momento de preocupación por la economía y pragmatismo férreo, en que cualquier otra idea fanática puede, una vez más, anular los valores democráticos y hacer propender al error.

Mientras en nuestras naciones se siga reduciendo el valor de las artes al esquema de una señora gruesa que da el do de pecho, o una pintura abstracta a la que da lo mismo colocarla correctamente que cabeza abajo; es decir, mientras sigamos ridiculizando la intelectualidad, el arte y las humanidades, estaremos ante un peligro muy real: el que cualquier otro grupo de poder, amparado en una ideología falsa, pero lógica, mueva a las multitudes y las conduzca a otra debacle.

Es imposible creer que los subsidios recibidos por la dictadura cubana, que le han permitido sobrevivir durante medio siglo, se deban a la creencia de que su economía va a superar la crisis algún día. Cuba ni es válida como posición estratégica, ya que las armas actuales no la hacen imprescindible.

Habiendo dicho esto, señalo que, en mi opinión, es mucho más difícil luchar contra las ilusiones que contra las armas; por ello, los escritores cubanos exilados hemos sufrido vejaciones increíbles, y el desprecio de incluso muchos escritores occidentales, que desconocen la realidad y no comprenden cómo rechazamos nuestro shangri-la socialista.

Perdone, nuevamente, las referencias intelectuales y la extensión de la respuesta, y otra vez gracias por dejar expresarme, en una opinión que, aunque personal, se basa en datos objetivos.

MN. ¿Es el PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio un objetivo de los servicios de inteligencia de La Habana?

LI. Para nadie es un secreto que la inteligencia cubana fue entrenada por la KGB soviética y la Stasi estealemana, y que en la actualidad, algunos consideran que sus servicios de espionaje están en el cuarto lugar del mundo. Creo, asimismo, que en el área de la literatura, así como en el resto del arte y la cultura, nos tienen una "roña" particular; precisamente, porque ésta ha sido un área en la que, como dije anteriormente, los marxistas han tenido un éxito excepcional desde el final de la II Guerra Mundial.

Desde mi juventud estoy oyendo a mis amigos, escritores exilados, indicaciones de por qué ellos creen que la Seguridad del Estado interfiere en su trabajo literario. Son muchas y variopintas, en las que no debo excluir mis propias experiencias. Pero, obviamente, no dispongo de pruebas para constatarlas, y en consecuencia, no puedo señalarlas, a riesgo de comprometer la institución que represento, en este momento.

Estoy convencido, sin embargo, que el día que caiga el totalitarismo cubano, si logramos recuperar nuestros expedientes en la seguridad del estado cubano, nos vamos a encontrar muchas sorpresas, tal y como ocurrió en la Unión Soviética, y Alemania del Este.

MN. ¿Qué requisitos ha de reunir un autor para integrar el PEN CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio?

LI. Como se dice en el argot de Miami, "no es fácil". Dos obras publicadas y aparato crítico de éstas, en publicaciones reconocidas. Ser presentado por dos miembros de número, y aceptado por la junta directiva. Debemos mantener estos barómetros tan altos para evitar las infiltraciones, y mantener un estándar de calidad.

Habiendo dicho la anterior, cabe destacar que la mayoría de nuestros actos y la totalidad de nuestras actividades culturales están abiertas al público en general; que pueden participar todos los que deseen, y mostrar cualquier tipo de tendencia política, siempre que respeten la institucionalidad democrática. Por supuesto, damos la bienvenida y agradecemos a todos los que quieran colaborar, de cualquier modo, en nuestros programas de ayuda a los escritores encarcelados o reprimidos en Cuba por su defensa de la libertad de expresión.

Quiero aprovechar esta oportunidad para disculparnos ante todos esos escritores que, en nuestra patria de nacimiento, sufren las consecuencias del totalitarismo, porque no en todas las ocasiones hemos podido ayudarlos lo que hubiéramos querido, y de la forma que ellos desean. Los comprendemos porque, antes de ser escritores exilados, nosotros también vivimos en nuestra nación. Ellos deben comprender, asimismo, que no por vivir ahora en naciones democráticas, tenemos todos los recursos para ayudarlos. Si así fuera, ya no existiría el totalitarismo en Cuba.

Además, creo necesario que nos recordemos unos a otros que el día que dicho totalitarismo desaparezca, gracias al esfuerzo de todos, no habremos hecho más que empezar. Cincuenta años de catástrofe han destruido nuestra nación no sólo materialmente, sino también intelectualmente; y es mi opinión que el marxismo, que pudo haberse dado como una corriente filosófica, a utilizar en sistemáticas académicas, y ser rebasada por otras corrientes, fue, en cambio, inculcada por las burocracias comunistas, por ambición de poder, hasta forjarla en las mentes individuales y colectivas, como dogma de fe, con todos los retruécanos psicológicos que, desgraciadamente, hemos vivido; hasta el punto de hacernos desfigurar la línea que divide el bien del mal.

En consecuencia, reconstruir nuestra patria de nacimiento en el área artística e intelectual puede ser incluso más difícil que en el material; sin dejar de prever que ocurran retrocesos, como ha ocurrido en otras naciones que han sido comunistas; hasta el día que la nuestra vuelva a ocupar, a pesar de nuestra pequeñez, un lugar de importancia en el mundo de las artes y la intelectualidad.

Mientras tanto, creo que puedo hablar a nombre de todos los miembros de nuestro PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio al afirmar que la libertad de expresión es un elemento indispensable de dicha reconstrucción, y que no debemos cansarnos en su búsqueda.

Muchas gracias, finalmente, a MartiNoticias, por haberme efectuado esta entrevista, ya que, en términos generales, tenemos muy pocos espacios para expresarnos, en comparación a los comunistas cubanos, que tienen a su disposición todos los medios del estado.

Mucha suerte a todos los cubanos, los de la península y la isla, y al resto de lectores, de toda nacionalidad, que luchamos por la libertad de expresión.